Tarta de queso vasca con la superficie quemada de caramelo oscuro y el papel de horno arrugado, con una porción cortada mostrando el interior cremoso, sobre plato de cerámica blanco hueso
EspañolaFácil1 h 15 min (15 min activa + 50 min de horno + reposo)Postres y Repostería

Tarta de queso vasca (La Viña)

La tarta de queso vasca nació en 1990 en La Viña, un bar de la Parte Vieja donostiarra, y su creador Santiago Rivera llegó a ella buscando precisamente lo que la repostería clásica evita: hornear a temperatura muy alta hasta que la superficie se quema. Sin base de galleta, sin baño maría y sin gelatina, su textura depende de sacarla del horno cuando el centro todavía tiembla como un flan, para que asiente al enfriar en una crema que se derrama ligeramente al cortar. El amargor de la corteza tostada es el contrapunto exacto de un interior lácteo y dulce.

Tiempo Total
1 h 15 min (15 min activa + 50 min de horno + reposo)
Dificultad
Fácil
Raciones
10 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 15 min (15 min activa + 50 min de horno + reposo)
01

Paso 01

Saca los 600 g de queso crema y los 220 g de huevo de la nevera 1 hora antes, hasta que estén a unos 20 grados. Pesa 180 g de azúcar, 300 ml de nata al 35%, 20 g de harina floja tamizada y 2 g de sal. Prepara un molde desmontable de 20 cm. Precalienta el horno a 210 grados con calor arriba y abajo durante 20 minutos.

Consejo: El queso crema a temperatura ambiente es la única forma de obtener una crema lisa: a 4 grados su grasa está cristalizada y por mucho que batas quedarán grumos que el horno no deshace y que aparecen como puntos densos en el corte. El precalentado largo importa porque esta tarta depende de un golpe de calor inicial fuerte que tueste la superficie antes de que el centro cuaje.

02

Paso 02

Humedece dos hojas grandes de papel de horno bajo el grifo, escúrrelas y arrúgalas con las manos. Fórralas cruzadas dentro del molde, ajustándolas al fondo y a las paredes y dejando que sobresalgan 5 cm por todo el borde. No alises los pliegues: son la seña visual de esta tarta.

Consejo: Mojar y arrugar el papel lo vuelve flexible y le permite adaptarse a las paredes sin romperse ni levantarse, algo imposible con papel seco, que se resiste y deja huecos por los que la crema se filtraría. Los 5 cm sobrantes no son decoración: la tarta crece considerablemente en el horno y sin ese margen desbordaría por los lados del molde.

03

Paso 03

Bate los 600 g de queso crema con los 180 g de azúcar y los 2 g de sal a velocidad media durante 2 minutos, hasta que la mezcla esté cremosa, brillante y sin ningún grumo. Raspa las paredes del bol con una espátula a la mitad del batido. No prolongues el batido ni subas la velocidad para no incorporar aire.

Consejo: Aquí no interesa airear: cualquier burbuja incorporada se expande a 210 grados y hace que la tarta suba en exceso para después hundirse dejando un cráter y grietas profundas. Dos minutos a velocidad media bastan para disolver el azúcar en el agua del queso, algo necesario porque los cristales sin disolver se depositarían en el fondo formando una capa arenosa.

04

Paso 04

Incorpora los 220 g de huevo de uno en uno, batiendo a velocidad baja e integrando cada uno por completo antes de añadir el siguiente, unos 30 segundos por huevo. La mezcla debe mantenerse lisa y homogénea en todo momento, sin que aparezcan hilos de clara ni zonas de distinta densidad.

Consejo: Añadirlos de uno en uno mantiene la emulsión estable: el huevo es en gran parte agua y volcado de golpe sobre una base grasa la corta, apareciendo una mezcla granulada que ya no se recupera. Cada huevo integrado aporta además la proteína que coagulará entre 70 y 80 grados y dará a la tarta su estructura, la única que tiene junto a los 20 g de harina.

05

Paso 05

Vierte los 300 ml de nata y mezcla a velocidad baja 1 minuto hasta integrarla. Tamiza los 20 g de harina floja por encima e intégrala con espátula en movimientos envolventes, unas 15 veces, hasta obtener una crema lisa, fluida y sin grumos. Cuela la mezcla por un colador fino si detectas cualquier irregularidad.

Consejo: Veinte gramos de harina para 1300 g de mezcla es una proporción minúscula y deliberada: aportan el almidón justo para retener el agua y evitar la sinéresis, ese suero que se separaría al enfriar, pero sin llegar a dar estructura de bizcocho. Con 40 g la tarta dejaría de ser cremosa y con ninguno soltaría líquido en el plato al día siguiente.

06

Paso 06

Vierte la crema en el molde forrado y hornea a 210 grados en la parte media durante 45 a 50 minutos, sin abrir la puerta. Está lista cuando la superficie esté muy tostada, casi negra en algunos puntos, la tarta haya subido y empiece a bajar por los bordes, y el centro tiemble como un flan al mover el molde.

Consejo: A 210 grados la superficie supera los 150 y se produce a la vez caramelización de la lactosa y Maillard entre las proteínas del queso y los azúcares, generando las melanoidinas del color oscuro y el amargor que define la tarta. El temblor central es el punto: significa que el centro está en torno a 70 grados y las proteínas apenas han empezado a coagular, terminando el trabajo en frío.

07

Paso 07

Deja enfriar la tarta dentro del molde a temperatura ambiente durante un mínimo de 3 horas, sin taparla y sin meterla en la nevera. Verás cómo el centro, hundido y tembloroso al salir del horno, se asienta y pasa de líquido a cremoso. No la desmoldes ni la muevas durante ese tiempo.

Consejo: Durante estas horas ocurre la parte invisible: las proteínas del huevo terminan de estructurarse por inercia térmica y el poco almidón presente retrograda, ligando el agua libre. El frío de la nevera cortaría ese proceso de golpe y compactaría la grasa del queso, dejando una textura firme y fría que nada tiene que ver con la cremosidad que se busca.

08

Paso 08

Desmolda tirando de los pliegues del papel y retíralo de los laterales, dejando la tarta sobre el plato de servicio. Córtala en 10 porciones con un cuchillo largo mojado en agua caliente y secado entre corte y corte, y sirve a temperatura ambiente con una cucharada de los 150 g de mermelada de temporada al lado de cada porción.

Consejo: Se sirve a temperatura ambiente y no fría porque por debajo de 15 grados la grasa láctea solidifica y la lengua deja de percibir buena parte de los aromas, que necesitan estar volatilizados para llegar al olfato retronasal. La mermelada se coloca al lado y no encima: su humedad reblandecería la corteza tostada, que es el contrapunto amargo de todo el conjunto.

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Maridaje

Pedro Ximénez

Montilla-Moriles, España

El clásico donostiarra: pasas y caramelo que espejan la superficie quemada de la tarta.

Sidra de hielo

Asturias / País Vasco, España

Dulzor de manzana concentrado con acidez alta que corta la grasa del queso.

Moscatel de Setúbal

Setúbal, Portugal

Naranja confitada y miel; abraza el punto tostado sin empalagar.

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