Tortellini diminutos en crema de nata y parmesano en cuenco de cerámica gris piedra, con parmesano rallado y un ligero vapor, luz natural suave desde la izquierda.
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Tortellini de Mortadela con Nata y Parmesano

El tortellino es el emblema de Bolonia y su receta está depositada desde 1974 ante la Cámara de Comercio de la ciudad: mortadela, prosciutto, lomo de cerdo y parmesano, en proporciones fijadas. La leyenda cuenta que un posadero de Castelfranco Emilia lo modeló imitando el ombligo de Venus tras espiarla por la cerradura, y de ahí su nombre popular de ombelico. La forma no es solo mitología: al cerrar el triángulo alrededor del dedo, la pasta queda doblada en tres espesores distintos que dan tres texturas en un mismo bocado. Aquí se sirven con una crema sencilla de nata y parmesano, ligada fuera del fuego, que respeta el relleno en lugar de taparlo.

Tiempo Total
2 h 30 min (activa)
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 2 h 30 min (activa)
01

Paso 01

Forma un volcán con los 250 g de harina 00 y 3 g de sal, casca dentro los 3 huevos M y bátelos con un tenedor incorporando harina de las paredes. Amasa 10 minutos empujando con el talón de la mano y plegando, hasta una bola lisa y elástica. Envuélvela en film y déjala reposar 30 minutos. Mientras, saltea los 80 g de lomo de cerdo en dados con 15 g de mantequilla 5 minutos hasta dorarlo, y déjalo enfriar. Ten listos 150 g de mortadela y 80 g de prosciutto.

Consejo: La proporción boloñesa clásica es de un huevo por cada 100 g de harina, lo que da una hidratación cercana al 30 %: una masa muy seca y dura de amasar, pero es exactamente lo que permite estirarla por debajo del milímetro sin que se rompa ni se pegue. Los 30 minutos de reposo relajan la red de gluten, que tras el amasado está tensa y se contraería al laminar. Y el lomo debe enfriarse antes de triturarlo con el resto: la carne caliente en la picadora funde su grasa y la separa de la proteína, dejando un relleno seco y granuloso en lugar de untuoso.

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Paso 02

Trocea los 150 g de mortadela, los 80 g de prosciutto y el lomo salteado ya frío y pásalos por la picadora o el robot junto con los 80 g de parmesano rallado y 1 g de nuez moscada, trabajando en tandas cortas hasta obtener una pasta fina y homogénea. Trabaja con todo bien frío. El relleno debe quedar lo bastante compacto para formar una bolita en la cuchara sin escurrir ni pegarse a los dedos; si queda blando, refrigéralo 30 minutos.

Consejo: La mortadela es el ingrediente técnico de este relleno. Se fabrica triturando la carne por debajo de 12 °C hasta formar una emulsión en la que la sal solubiliza las proteínas miofibrilares y estas envuelven cada glóbulo de grasa; esa emulsión ya hecha es la que aglutina el resto de carnes y da al relleno su untuosidad. Por eso hay que triturar en frío y en tandas cortas: si la fricción de las cuchillas eleva la temperatura por encima de 20 °C, la emulsión se rompe, la grasa se separa y aparece un relleno aceitoso. La nuez moscada aporta miristicina y eugenol, dos volátiles que se pierden si se ralla con antelación.

03

Paso 03

Divide la masa en cuatro porciones y trabaja una cada vez, con las demás envueltas en film. Estira cada porción con la máquina bajando de número progresivamente hasta unos 0,7 mm, tan fina que al apoyarla sobre la mesa puedas leer un texto a través de ella. Corta cuadrados de 4x4 cm con una rueda dentada o un cuchillo bien afilado, en una sola pasada limpia. Cubre los cuadrados que no estés usando con un paño ligeramente húmedo.

Consejo: Ese grosor tan fino es obligatorio en el tortellino por su geometría: al cerrarlo, las puntas se solapan y en esa zona hay dos o tres capas de masa superpuestas. Con una lámina de 1,5 mm, el nudo quedaría crudo y gomoso cuando el resto de la pieza ya está pasado de cocción. La otra razón de trabajar por cuartos es la deshidratación: una lámina de 0,7 mm expuesta al aire forma una película seca en tres o cuatro minutos, y sobre esa película el sellado no agarra, así que el tortellino se abre en el agua y vacía el relleno.

04

Paso 04

Coloca en el centro de cada cuadrado una bolita de relleno de unos 3 g, del tamaño de un garbanzo pequeño. Dobla el cuadrado en diagonal formando un triángulo y presiona los bordes desde el relleno hacia fuera con la yema del dedo, expulsando todo el aire antes de cerrar. Apoya la base del triángulo sobre la primera falange del índice, une las dos puntas laterales por debajo y presiona para pegarlas, dejando el vértice superior levantado.

Consejo: Expulsar el aire no es un detalle de acabado sino de física. Una burbuja atrapada se expande alrededor de un 30 % al pasar de los 20 °C de la mesa a los 95 °C del agua, y esa presión abre la costura por su punto más débil: el relleno se escapa, el tortellino se deshace y el agua se enturbia. Presionar siempre desde el centro hacia fuera es la única forma de garantizar que no queda aire encerrado. El vértice levantado tampoco es decorativo: crea una tercera zona de espesor distinto que retiene salsa y aporta el contraste de textura característico de la pieza.

05

Paso 05

Ve colocando los tortellini terminados sobre una bandeja espolvoreada con parte de los 30 g de sémola de trigo duro, separados entre sí y sin que se toquen en ningún punto. Espolvorea un poco más de sémola por encima. Déjalos secar al aire 15 minutos antes de cocerlos, o pásalos al congelador si vas a guardarlos. No los apiles nunca ni los guardes en un recipiente cerrado.

Consejo: La sémola de trigo duro funciona como rodamiento y la harina no, y la diferencia está en el tamaño de partícula: la sémola es gruesa y absorbe agua muy despacio, de modo que se mantiene como bolitas sueltas entre la pasta y la bandeja, mientras que la harina fina se hidrata en minutos y forma un engrudo que pega las piezas de forma irreversible. Los 15 minutos de secado al aire crean una película superficial ligeramente deshidratada que refuerza el sellado y ayuda a que el tortellino conserve su forma en el agua. Apilarlos es el error clásico: la humedad del relleno los suelda entre sí.

06

Paso 06

Calienta los 200 ml de nata en un cazo a fuego suave hasta que humee ligeramente y aparezcan burbujas en el borde, unos 75 °C, sin que llegue a hervir. Retira el cazo del fuego por completo y espera 20 segundos. Añade los 60 g de parmesano rallado en tres tandas, batiendo con varillas hasta que cada una se funda antes de incorporar la siguiente. La crema debe quedar lisa y brillante, y dejar un surco limpio al pasar el dedo por el dorso de la cuchara.

Consejo: El umbral de los 82 °C es el que decide si tienes una crema o un desastre. Por encima de esa temperatura, las micelas de caseína del parmesano se contraen bruscamente, expulsan la grasa que retenían y el queso se separa en hilos correosos flotando en aceite, un daño que ya no se revierte. Por debajo, la grasa de la nata al 35 % envuelve las micelas y las mantiene dispersas. La nata debe ser de esa graduación y no menos: con menos grasa no hay suficiente fase lipídica para estabilizar el queso. Si se corta, un chorro de nata fría y un batido enérgico la recuperan mientras la temperatura no se haya disparado.

07

Paso 07

Lleva a ebullición 4 litros de agua con 40 g de sal gruesa y baja el fuego hasta que el agua solo tiemble, con burbujas ocasionales. Echa los tortellini de uno en uno con una espumadera, en tandas de 20-25 para no amontonarlos. Cuécelos 3-4 minutos desde que suben a la superficie. Escúrrelos con espumadera, nunca volcándolos en un colador, y reserva 100 ml del agua de cocción.

Consejo: El hervor fuerte es el enemigo declarado de la pasta rellena: la agitación de las burbujas golpea las piezas entre sí y contra las paredes de la olla, y una costura de 0,7 mm de masa fresca no resiste ese trato. Cocidos en agua temblando, a unos 95 °C, se hacen igual de bien y llegan enteros. Suben a la superficie cuando el vapor generado dentro reduce su densidad por debajo de la del agua, y ese es el aviso de que empieza la cuenta real. Volcarlos en un colador los aplasta bajo su propio peso; la espumadera los saca de uno en uno sin presión.

08

Paso 08

Pasa los tortellini escurridos al cazo de la crema, fuera del fuego, y añade un chorro del agua de cocción reservada. Remueve con movimientos suaves de vaivén durante 30 segundos, hasta que cada pieza quede envuelta en una capa brillante de crema. Reparte en cuatro cuencos hondos previamente calentados y ralla un poco más de parmesano por encima en el momento. Sirve de inmediato, a 65-70 °C.

Consejo: El agua de cocción de la pasta fresca lleva almidón en suspensión, entre un 1 y un 2 % en peso, y ese almidón hace un trabajo doble: estabiliza la emulsión de la crema y aumenta su viscosidad, de modo que la salsa se adhiere a la pasta en lugar de escurrir al fondo del cuenco. Añadir agua corriente en su lugar solo diluiría. Todo el montaje se hace fuera del fuego porque la crema ya está en su punto y cualquier calor adicional la acerca al umbral de corte. Y hay que servir enseguida: por debajo de 40 °C la grasa empieza a solidificar y la crema se vuelve pastosa.

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Maridaje

Lambrusco di Sorbara

Emilia-Romaña, Italia

Espumoso seco boloñés que limpia la untuosidad de la crema.

Pignoletto

Emilia-Romaña, Italia

Blanco local fresco, del mismo terruño que el tortellino.

Franciacorta

Lombardía, Italia

Burbuja fina y elegante para un plato mimado.

Galería

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