Suprema de pollo con la piel dorada sobre un espejo de salsa suprema marfileña, rodeada de colmenillas oscuras salteadas y espolvoreada de cebollino
FrancesaAvanzado1 h 40 min (25 min de mise en place y rehidratado + 20 min de velouté + 20 min de colmenillas + 20 min de cocción de las supremas + 15 min de ligazón y emplatado)Aves de Corral

Suprema de Pollo con Salsa Suprema y Colmenillas

La sauce suprême es uno de los pilares del sistema de salsas que Escoffier codificó a principios del siglo XX: un velouté de ave, hecho con roux blanco y caldo de pollo, reducido con nata y terminado con mantequilla y limón. Sobre esa base se construye este plato de restaurante clásico, donde la suprema, es decir, la pechuga con el hueso del ala unido, se cocina con delicadeza para que no pase nunca de los 68 grados. Las colmenillas aportan lo que la salsa no tiene: una intensidad terrosa y un umami profundo procedente de sus nucleótidos, especialmente concentrados en el ejemplar seco. El agua de rehidratado no se tira jamás, porque es donde ha quedado la mitad de ese sabor.

Tiempo Total
1 h 40 min (25 min de mise en place y rehidratado + 20 min de velouté + 20 min de colmenillas + 20 min de cocción de las supremas + 15 min de ligazón y emplatado)
Dificultad
Avanzado
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 40 min (25 min de mise en place y rehidratado + 20 min de velouté + 20 min de colmenillas + 20 min de cocción de las supremas + 15 min de ligazón y emplatado)
01

Preparar ingredientes

Cubre los 40 g de colmenilla seca con los 400 ml de agua a 40 °C y déjalas 30 minutos. Mientras, seca las 4 supremas con papel, sazónalas con los 9 g de sal y 3 vueltas de pimienta blanca y déjalas atemperar. Pica 60 g de chalota en brunoise muy fina, pesa 40 g de harina y 40 g de mantequilla para el roux y calienta los 700 ml de caldo de ave.

Consejo: El agua debe estar a 40 °C y no hirviendo. A esa temperatura la colmenilla se rehidrata en media hora manteniendo intacta su estructura de panal, mientras que el agua hirviendo colapsa las paredes y las deja flácidas y babosas. Además, el secado de la colmenilla concentra sus nucleótidos, sobre todo guanosín monofosfato, que son responsables de un umami muy superior al de la seta fresca; buena parte de ellos pasa al agua de remojo, que por eso se convierte en un ingrediente y no en un residuo.

02

Limpiar colmenillas

Saca las colmenillas del agua con las manos, sin volcar el cuenco, y estrújalas suavemente sobre él. Enjuágalas una a una bajo un hilo de agua fría abriendo los alveolos para eliminar la arena y sécalas. Filtra el agua de remojo por estameña o papel de filtro dejando el último centímetro en el fondo, y resérvala.

Consejo: La colmenilla crece en suelo arenoso y su estructura alveolar retiene arena en cada celdilla: un solo grano arruina el plato y no hay forma de detectarlo hasta que se muerde. Sacarlas con la mano en lugar de volcar el cuenco evita devolver al agua la arena ya decantada, y descartar el último centímetro es obligatorio por el mismo motivo. Nunca las enjuagues en abundante agua ni las dejes en remojo limpio: perderían por lixiviación los mismos compuestos que se acaban de extraer.

03

Elaborar el roux

Funde los 40 g de mantequilla en el cazo a fuego medio-bajo, añade los 40 g de harina de golpe y cocina el roux 4 minutos removiendo con varillas, sin que tome ningún color. Vierte los 700 ml de caldo caliente en tres veces, batiendo enérgicamente tras cada adición hasta que quede completamente liso. Cocina 20 minutos a fuego suave removiendo cada 3 minutos.

Consejo: Los cuatro minutos de roux blanco son imprescindibles aunque no cambie de color: la harina cruda contiene enzimas y proteínas que dan un sabor característico a engrudo, y ese tiempo basta para desactivarlas sin entrar en tostado. El caldo se añade caliente y en tandas porque los gránulos de almidón necesitan dispersarse antes de gelatinizar; si entra todo de golpe o frío, los gránulos de la superficie gelatinizan formando una película que encapsula harina seca en su interior, y esos son los grumos.

04

Sofreír las colmenillas

Funde los 30 g de mantequilla en la sartén a fuego medio y pocha los 60 g de chalota 5 minutos sin que tomen color. Sube el fuego, añade las colmenillas escurridas y saltéalas 5 minutos hasta que se doren. Vierte los 60 ml de vino amarillo y deja evaporar 2 minutos, añade 200 ml del agua de remojo filtrada y reduce 8 minutos hasta que quede casi seco. Reserva.

Consejo: Las colmenillas deben cocinarse siempre y nunca probarse crudas: contienen hidrazinas, principalmente giromitrina en cantidades bajas, que son termolábiles y se degradan por completo con una cocción suficiente pero resultan tóxicas en crudo. Reducir el agua de remojo casi a seco concentra los nucleótidos extraídos y los deposita sobre la propia seta, de modo que las colmenillas recuperan intensificado el sabor que habían cedido al agua durante el rehidratado.

05

Sellar las supremas

Calienta los 40 g de mantequilla con los 15 ml de aceite en una sartén ancha a fuego medio hasta que la espuma baje. Coloca las supremas con la piel hacia abajo y séllalas 6 minutos sin moverlas, hasta que la piel esté dorada y se despegue sola. Dales la vuelta, baja el fuego al mínimo y cocina 8 minutos más regándolas con la mantequilla de la sartén.

Consejo: La pechuga es el músculo más magro del ave y su margen es estrechísimo: a 68 °C está jugosa y a 72 °C sus fibras ya se han contraído y han expulsado el agua. Por eso se sella a fuego medio y se termina al mínimo, regando en lugar de subir la temperatura: el arrosage con mantequilla transfiere calor de forma suave y homogénea desde arriba, evitando el gradiente brutal que produce una sartén muy caliente y que deja el exterior seco antes de que el centro llegue al punto.

06

Reposar y colar velouté

Comprueba con la sonda en el punto más grueso de la suprema: retírala exactamente a 66 °C y déjala reposar sobre una rejilla 8 minutos con la piel hacia arriba. Mientras, cuela el velouté por malla muy fina presionando con un cazo, devuélvelo al fuego suave y añade 150 ml de la nata, reduciendo 6 minutos hasta que nape la cuchara.

Consejo: Retirar a 66 °C y no a 68 responde a la cocción residual: durante el reposo, el calor acumulado en el exterior sigue migrando hacia el centro y eleva la temperatura interna entre 2 y 4 °C más, de modo que la suprema llegará al plato exactamente en su punto. Colar el velouté por malla fina, aunque no se vean grumos, elimina la película de proteínas coaguladas y las partículas de harina que siempre se forman en las paredes del cazo y que arruinarían la textura sedosa característica de esta salsa.

07

Ligar la salsa

Bate en un cuenco la yema con los 50 ml de nata restantes. Añade poco a poco 100 ml de la salsa caliente sin dejar de batir y devuelve la mezcla al cazo fuera del fuego. Vuelve al fuego mínimo y cocina 3 minutos removiendo con varillas sin superar nunca los 85 °C, comprobándolo con la sonda, hasta que la salsa espese y quede marfileña.

Consejo: Esta liaison de yema y nata es lo que convierte un velouté con nata en una auténtica salsa suprema: la lecitina de la yema emulsiona la grasa láctea y aporta una untuosidad y un brillo que la nata sola no da. Pero sus proteínas coagulan entre 65 y 70 °C, y aunque el almidón del velouté las protege parcialmente actuando de estabilizante, por encima de 85 °C se agregan y la salsa se vuelve granulosa. El templado gradual es la única forma segura de subirlas de temperatura.

08

Emplatar y servir

Retira el cazo del fuego, añade los 8 ml de zumo de limón y monta la salsa incorporando los 40 g de mantequilla fría en dados de uno en uno, batiendo hasta que quede brillante. Rectifica de sal. Sirve cada suprema entera o cortada en tres lonchas gruesas sobre un espejo de salsa, reparte las colmenillas alrededor y termina con cebollino picado y escamas de sal.

Consejo: El limón se añade con el fuego ya apagado y en cantidad mínima porque cumple una función de equilibrio y no de acidificación: una salsa con doscientos mililitros de nata, ochenta gramos de mantequilla y una yema resulta plana en boca sin un ácido que levante el conjunto y corte la sensación grasa. Montar con mantequilla fría fuera del fuego crea una emulsión estable que aporta brillo; si la salsa vuelve a hervir después, esa emulsión se rompe y la grasa aflora en superficie.

#Francesa#Avanzado#1 h 40 min (25 min de mise en place y rehidratado + 20 min de velouté + 20 min de colmenillas + 20 min de cocción de las supremas + 15 min de ligazón y emplatado)#Aves de Corral
Maridaje

Vin Jaune del Jura, savagnin bajo velo

Château-Chalon o Arbois, Jura, Francia

Es el maridaje histórico de las colmenillas con nata y no admite discusión regional: el savagnin criado seis años bajo velo desarrolla sotolona, el mismo compuesto que aporta las notas de nuez, curry y heno, y que enlaza con los nucleótidos terrosos de la colmenilla en una amplificación mutua muy poco frecuente. Su acidez altísima y su sequedad total cortan una salsa cargada de nata, mantequilla y yema. Sirve a 14 °C en copa amplia.

Chardonnay del Jura criado en oxidación parcial

Côtes du Jura, Francia

Es la versión accesible del anterior y comparte buena parte de su lógica: crianza parcial bajo velo que aporta notas de almendra tostada y manzana asada, con más fruta y menos punzante que el vin jaune. Su textura densa acompaña la untuosidad del velouté sin que ninguno de los dos ceda, y su acidez media-alta impide que el conjunto resulte pesado. Es la opción más equilibrada si no se quiere que el vino domine la delicadeza de la pechuga. Sirve a 12 °C.

Chardonnay de Meursault de viñedo joven

Meursault, Côte de Beaune, Borgoña, Francia

Si se prefiere un blanco sin ninguna nota oxidativa, el Meursault aporta por vía maloláctica el diacetilo responsable de las notas de mantequilla, que aquí funcionan por identidad directa con la salsa suprema. Su volumen glicérico envuelve la carne blanca sin taparla y la crianza en roble suma lactonas y avellana que dialogan con las colmenillas. Es el maridaje de continuidad frente al contraste del Jura. Sirve a 12-13 °C.

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