
Níscalos Guisados con Patatas y Chorizo
Los níscalos guisados con patatas y chorizo son el plato de otoño de las dos Castillas, el que se cocina cuando el pinar suelta las primeras setas tras las lluvias de octubre. El níscalo, Lactarius deliciosus, es una seta de carne prieta y sabor terroso que aguanta el guiso sin deshacerse, y por eso ha sido siempre seta de cazuela y no de sartén fina. Aquí se trata con dos gestos que deciden el resultado. El primero es sellarla en la sartén muy caliente antes de que toque el caldo, para que dore y no quede gomosa. El segundo es cascar la patata en lugar de cortarla, porque la rotura irregular libera almidón y ese almidón es lo que liga el caldo sin harina ni ayuda. El chorizo aporta grasa, color y pimentón desde el primer minuto. Se come con cuchara y pan.
Preparación Paso a Paso
8 pasos · 1 h 15 min (40 min activas + 25 min de guiso + 10 min de reposo)Disponer los ingredientes
Dispón los ingredientes: níscalos, patatas, chorizo, cebolla, ajo, pimiento, tomate, pimentón, laurel y tomillo. Limpia los níscalos uno a uno con un cepillo de cerdas suaves y un paño apenas húmedo, retirando tierra y agujas de pino del sombrero y de las láminas. Recorta la base del pie. Nunca los pongas a remojo. Corta en cuartos los grandes y deja enteros los pequeños. Verás que el corte suelta un látex anaranjado: es normal.
Consejo: La carne del níscalo es porosa y absorbe el agua como una esponja; a remojo se llena y luego hierve en la sartén en vez de dorarse. El látex naranja que suelta al corte es el que tiñe el guiso, no lo limpies.
Sellar los níscalos
Calienta 2 cucharadas de aceite en una sartén amplia hasta que humee ligeramente. Echa los níscalos en una sola capa, sin amontonar, y no los toques durante un minuto y medio. Dales la vuelta cuando la cara de abajo tenga color tostado y repite por el otro lado. Hazlo en dos tandas si no caben. Retíralos a un plato con el jugo que hayan soltado y resérvalos.
Consejo: Si la sartén está tibia o las setas van apretadas, la temperatura cae, sale el agua y hierven. Solo con calor alto y espacio la superficie se seca y dora, y esa costra es la que evita la textura gomosa.
Rehogar el chorizo
Corta el chorizo en rodajas de un centímetro. En la cazuela de barro o la cocotte, sobre la placa con llama a fuego medio, pon las otras 2 cucharadas de aceite y rehoga el chorizo 3 o 4 minutos, hasta que suelte la grasa y el aceite se tiña de rojo. Retira las rodajas a un plato y deja toda la grasa en la cazuela.
Consejo: El chorizo va antes que la cebolla porque su grasa es el vehículo del color: el pimentón que trae dentro es liposoluble y se disuelve en ella. Si lo echas al final solo aromatiza la superficie del guiso.
Sofrito de hortalizas
Pica fina la cebolla, el pimiento y el ajo. Sofríelos en la grasa del chorizo a fuego medio-bajo durante 10 minutos, con una pizca de sal, hasta que la cebolla esté transparente y blanda, sin coger color. Añade el tomate rallado y cocina 5 minutos más, hasta que pierda el agua y el aceite vuelva a aparecer en los bordes de la cazuela.
Consejo: La sal al principio saca el agua de la cebolla y la ayuda a ablandarse sin dorarse. El sofrito está hecho cuando el aceite se separa: es la señal de que el tomate ha soltado su agua y ha concentrado.
Desglasar el guiso
Aparta la cazuela del fuego. Añade el pimentón y remueve 20 segundos para que se mezcle con la grasa. Vuelve a la placa, sube el fuego y vierte el vino blanco. Deja que hierva un minuto para que el alcohol se evapore y rasca el fondo con la cuchara de madera para despegar lo que haya quedado adherido.
Consejo: Los azúcares del pimentón se queman por encima de 120-130 °C y el guiso se vuelve amargo sin remedio. Fuera del fuego, la grasa está por debajo de esa temperatura y solo extrae color y aroma.
Cocer las patatas
Pela las patatas. Clava el cuchillo un par de centímetros y gira la muñeca para que el trozo se rompa, en lugar de cortarlo, en pedazos de bocado. Échalas a la cazuela con el chorizo, el laurel y el tomillo, cubre con el caldo caliente hasta un dedo por encima, salpimienta y lleva a hervor suave sobre la placa con llama.
Consejo: El corte irregular deja más células rotas y almidón libre que un corte limpio. Ese almidón es el que espesa el caldo; sin él tendrías patatas en sopa clara y habría que recurrir a harina.
Guísar a fuego lento
Incorpora los níscalos sellados con su jugo. Baja a fuego suave, tapa a medias y cuece 20-25 minutos sobre la placa con llama. No remuevas con la cuchara: agarra la cazuela por las asas y menéala en círculos cada cinco minutos para que el almidón se reparta. Está cuando la patata se pincha sin resistencia y el caldo cubre la cuchara.
Consejo: Remover con cuchara rompe la patata ya blanda y el guiso se convierte en puré. Menear la cazuela mueve el caldo y reparte el almidón sin golpear los trozos ni deshacer la seta.
Emplatar y servir
Apaga y deja reposar 10 minutos con la tapa puesta. Prueba y rectifica de sal. Sirve en la propia cazuela de barro o en platos hondos de cerámica gris piedra, repartiendo níscalos, patata y chorizo en cada ración, con caldo abundante. Espolvorea el perejil picado y termina con un hilo de aceite crudo por encima.
Consejo: En el reposo el almidón termina de hidratarse y el caldo espesa un punto más; por eso se rectifica de sal al final y no antes, porque la concentración del caldo cambia en esos diez minutos.
Tinto joven de tempranillo
Ribera del Duero, Castilla y León, España
Un tinto joven o con paso breve por barrica, servido a 15-16 °C, tiene fruta roja y acidez suficiente para limpiar la grasa del chorizo sin pelear con la seta. Sus taninos ligeros no chocan con el pimentón, que resalta la astringencia de los tintos duros. La fruta del tempranillo joven acompaña el punto dulce de la patata y su cuerpo medio casa con un caldo ligado sin cubrirlo.
Garnacha de viñas viejas con crianza
Cebreros, Castilla y León, España
La garnacha de altura tiene fruta madura, un fondo de monte bajo y sotobosque que conecta con el sabor terroso del níscalo, y taninos finos que la crianza en madera usada ha pulido. A 16 °C su alcohol algo alto se nota redondo y no caliente, y su acidez, mayor de lo que se espera de la variedad en Gredos, mantiene fresco un plato graso y con pimentón desde la primera cucharada.
Fino en rama
Jerez, Andalucía, España
Servido frío, a 7-8 °C, el fino es seco, salino y con notas de almendra amarga por la crianza bajo velo de flor. Esa sequedad corta la grasa del chorizo como un cuchillo y su acetaldehído se entiende con el sabor a tierra y a pino de la seta. No tiene tanino ni azúcar residual, así que el pimentón no encuentra nada con lo que chocar. Una copa pequeña por comensal es suficiente.
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