Plato hondo de cerámica gris piedra mate con pochas blancas enteras en caldo untuoso, media codorniz de piel dorada encima y sofrito rojizo entre las alubias.
EspañolaMedio1 h 30 min (45 min activas + 45 min de cocción suave y reposo)Sopas, Caldos y Cremas

Pochas a la Navarra con Codornices

Las pochas a la Navarra son el plato de septiembre de la Ribera del Ebro, de Sangüesa a Tudela. La pocha es la alubia blanca recogida fresca, cuando la vaina ya amarillea pero el grano todavía no ha secado; por eso no necesita remojo y cuece en menos de una hora, con una piel fina y una carne mantecosa que la alubia seca nunca recupera. La temporada dura seis semanas, de septiembre a octubre, y es entonces cuando se guisan con codornices, que en esas fechas están en su mejor carne. Dos gestos deciden el plato: arrancar la cocción en agua fría y mantener un hervor tan suave que apenas se vea, para que la piel no se rompa; y dorar las codornices aparte antes de terminarlas dentro del guiso. El caldo liga solo, con el almidón de la propia pocha. Sin harina.

Tiempo Total
1 h 30 min (45 min activas + 45 min de cocción suave y reposo)
Dificultad
Medio
Raciones
4 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 1 h 30 min (45 min activas + 45 min de cocción suave y reposo)
01

Preparar los ingredientes

Dispón todo: las pochas en vaina, las codornices, las dos cebollas, los pimientos, los tomates y los ajos. Desgrana las pochas apretando la vaina por la costura y desecha las manchadas. Lávalas bajo el grifo un momento. Ponlas en una cazuela ancha y cúbrelas con agua fría dos dedos por encima, con la cebolla pequeña pelada, el pimiento verde entero, dos dientes de ajo y 3 cucharadas de aceite. Sin sal.

Consejo: Agua fría de arranque para que piel y grano se calienten al mismo ritmo; en agua hirviendo la piel se despega por choque térmico. Sin sal ahora, porque retrasaría el ablandamiento de la piel frente al del grano.

02

Cocer las pochas

Arrima la cazuela a la placa con llama a fuego medio hasta que aparezcan las primeras burbujas en el borde. En ese momento baja al mínimo y retira con un cazo pequeño la espuma gris que sube. El hervor tiene que ser un temblor, con alguna burbuja suelta rompiendo en la superficie, nunca un borboteo. Deja cocer así, con la tapa entreabierta.

Consejo: A hervor fuerte las pochas chocan entre sí y las pieles se rajan por agitación. El fuego mínimo cuece igual de bien, solo más despacio, y es la única diferencia entre pochas enteras y pochas peladas.

03

Asustar las pochas

A los 15 minutos, cuando el hervor se anime, añade medio cazo de agua fría de golpe. Verás que las burbujas se cortan y la superficie queda quieta. Repite el susto una o dos veces más a lo largo de la cocción, cada vez que veas que el agua coge fuerza. No remuevas nunca con cuchara; si hace falta, menea la cazuela por las asas.

Consejo: El agua fría baja la temperatura por debajo del punto de ebullición y detiene la agitación al instante. Cuchara dentro de la cazuela es piel rota segura: la pocha es más frágil que cualquier alubia seca.

04

Elaborar el sofrito

Mientras cuecen, pica fina la otra cebolla, el otro pimiento verde y dos dientes de ajo. En una sartén con 3 cucharadas de aceite, sobre la placa con llama a fuego medio-bajo, sofríe la cebolla y el pimiento 12 minutos con una pizca de sal, hasta que estén blandos y traslúcidos. Añade el ajo, un minuto, y el tomate rallado, y cocina 8 minutos más, hasta que el aceite se separe en los bordes.

Consejo: El sofrito se hace aparte porque en la cazuela no pasa de 100 °C y la cebolla no desarrollaría dulzor; en la sartén, con aceite, alcanza más temperatura y toma color. Tritúralo si quieres el caldo liso, o déjalo entero si lo prefieres rústico.

05

Dorar las codornices

Seca bien las codornices con papel de cocina, salpimiéntalas por dentro y por fuera y átales los muslos con hilo de bridar para que no se abran. En una sartén de hierro con 2 cucharadas de aceite, sobre la placa con llama a fuego vivo, dóralas por todos los lados, 2 o 3 minutos por cara, hasta que la piel esté tostada. Retíralas a un plato con su jugo.

Consejo: La piel seca y el fuego vivo permiten la reacción de Maillard, que forma la costra y los aromas tostados; el guiso, a 100 °C, no llega. La piel húmeda hierve en su propia agua y queda pálida y blanda.

06

Incorporar el sofrito

A los 30 minutos de cocción prueba una pocha: debe estar tierna pero con la piel entera y el centro todavía algo firme. Retira la cebolla, el pimiento y los ajos enteros. Añade el sofrito, entero o triturado, y sala por primera vez con moderación. Menea la cazuela para repartir y sigue a fuego mínimo sobre la placa con llama.

Consejo: Ahora sí sal: la piel ya está hidratada y blanda, y la sal solo sazona. Salar aquí y rectificar al final, porque el caldo todavía va a reducir y a concentrarse con las codornices dentro.

07

Cocer con codornices

Acomoda las codornices doradas sobre las pochas, con la pechuga hacia arriba, y vierte el jugo del plato. Tapa y cuece 12-15 minutos a fuego mínimo, sobre la placa con llama, sin que el guiso rompa a hervir. Comprueba que el caldo ha ligado: debe cubrir la cuchara con una película untuosa, no aguada. Si está claro, destapa los últimos minutos.

Consejo: La pechuga de codorniz es músculo fino con poco colágeno; más de 15 minutos dentro y se seca. El almidón que las pochas han soltado ya ha gelatinizado y es todo el espesante que hace falta.

08

Emplatar y servir

Apaga el fuego y deja reposar 10 minutos tapado. Retira el hilo de las codornices y pártelas por la mitad a lo largo con un cuchillo. Rectifica de sal. Sirve en platos hondos de cerámica gris piedra: un cazo generoso de pochas con su caldo y media codorniz o una entera encima, con la piel a la vista. Sin nada más.

Consejo: El reposo deja que el caldo se asiente y que el jugo de las codornices, que se ha ido al fondo, vuelva a repartirse. Servidas al momento, las pochas se ven más sueltas y el caldo más flojo.

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Maridaje

Rosado de garnacha

Ribera Baja, Navarra, España

Es el maridaje de la casa en la Ribera y funciona por lógica: la garnacha navarra fermentada en rosado tiene fruta roja, acidez viva y un tanino apenas perceptible que no pelea con la piel de la codorniz ni con la textura mantecosa de la legumbre. Servido a 10 °C refresca el caldo y limpia la boca entre cucharadas. Su cuerpo medio no aplasta un plato que es delicado a pesar de su aspecto.

Tinto de tempranillo y garnacha con crianza

Baja Montaña, Navarra, España

La crianza aporta notas de madera fina, especia y cuero que se entienden con la costra tostada de la codorniz y con el sofrito. La garnacha da fruta madura para redondear y el tempranillo estructura media con taninos pulidos, suficientes para la carne del ave sin secar la boca frente a la legumbre. Se sirve a 16 °C; más caliente, el alcohol taparía el gusto suave de la pocha.

Txakoli blanco

Getaria, País Vasco, España

Una salida atlántica desde el otro lado de la muga: el txakoli es blanco seco, de acidez alta y con una punta de carbónico natural que actúa como cuchillo sobre el caldo untuoso y la grasa de la piel dorada. No tiene madera ni azúcar residual, así que deja la pocha en primer plano. A 8 °C su nervio cítrico y salino contrasta con la dulzura del sofrito. Sorprende y no cansa.

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