Pimientos de Padrón fritos, verdes y ampollados con puntos tostados, rematados con sal en escamas, servidos en cuenco de cerámica gris piedra sobre tabla de roble mate con luz de día por la izquierda.
EspañolaFácil15 min (10 min de trabajo activo)Tapas y Entrantes

Pimientos de Padrón Fritos con Sal en Escamas

Los pimientos de Padrón son una de las tapas gallegas más queridas y su gracia está en la sorpresa: "uns pican e outros non", unos pican y otros no. Se trata de la variedad Capsicum annuum cultivada en la comarca de Padrón, con Denominación de Origen Protegida Pemento de Herbón. Se recogen jóvenes y pequeños, y basta freírlos unos segundos en aceite de oliva muy caliente hasta que la piel se ampolla, para rematarlos con sal en escamas. El picante impredecible se debe a la capsaicina, un alcaloide que cada pimiento acumula en distinta cantidad según la insolación, la madurez y el estrés hídrico de la planta: los más soleados y maduros concentran más. Es una tapa mínima en ingredientes y técnica, pero enorme en sabor, donde el amargor tostado de la piel ampollada y el dulzor vegetal se equilibran con el punto salino.

Tiempo Total
15 min (10 min de trabajo activo)
Dificultad
Fácil
Raciones
2 personas
Comensales
4

Preparación Paso a Paso

8 pasos · 15 min (10 min de trabajo activo)
01

Preparar ingredientes

Reúne el mise en place: revisa los pimientos, descarta los muy grandes o arrugados y ten a mano el aceite, la sal en escamas y papel de cocina. Los grandes suelen ser los que pican y tardan más en hacerse, y los arrugados están viejos y quedan correosos. Elige piezas pequeñas, firmes y de un verde brillante, con el rabito fresco y bien unido.

Consejo: Elige pimientos pequeños y de tamaño parejo: se ampollan a la vez y se hacen de forma homogénea en la misma tanda.

02

Secar los pimientos

Lava los pimientos y sécalos muy bien, uno a uno, con un paño o papel de cocina hasta que no quede nada de humedad. Es el paso clave: el agua en contacto con el aceite caliente se evapora de golpe y provoca salpicaduras violentas. Además, la humedad enfría el aceite y los pimientos se cuecen en vez de freírse, quedando blandos y sin esas ampollas.

Consejo: El secado es de seguridad: cualquier gota de agua en el aceite a 180 °C provoca salpicaduras violentas y enfría el aceite de golpe.

03

Calentar el aceite

Calienta el aceite de oliva en una sartén honda a unos 180 °C, hasta que esté bien caliente pero sin humear. Sin termómetro, echa un pimiento de prueba: debe chisporrotear con fuerza al instante. Si el aceite está frío, los pimientos lo absorben y quedan grasientos; si humea, se degrada, amarga y quema la piel antes de que el interior se ablande.

Consejo: A 180 °C el aceite ampolla la piel al instante; si está tibio, el pimiento se cuece y absorbe grasa en lugar de tostarse.

04

Freír primera tanda

Añade una primera tanda de pimientos sin amontonar, cubriendo el fondo en una sola capa. Ten cuidado con las salpicaduras iniciales. Échalos con cuidado, alejándote de la sartén, porque el agua residual del interior estalla al principio. Si echas demasiados a la vez, la temperatura del aceite cae en picado y los pimientos se cuecen en lugar de freírse.

Consejo: Freír en tandas mantiene el aceite caliente: si echas todos de golpe, la temperatura baja y los pimientos se cuecen blandos en vez de ampollarse.

05

Voltear los pimientos

Mueve y voltea los pimientos con una espumadera durante uno o dos minutos para que se ampollen por todas las caras. El movimiento constante reparte el calor y evita que una cara se queme mientras la otra sigue cruda. Oirás un chisporroteo fuerte y verás cómo la piel se hincha y se separa de la carne: esa ampolla es la que da la textura y el sabor típicos.

Consejo: El volteo reparte el calor: las ampollas se forman donde el agua bajo la piel se vaporiza, así que hay que exponer todas las caras al aceite.

06

Retirar los pimientos

Retira los pimientos cuando la piel esté arrugada, con ampollas doradas y algún punto tostado, antes de que se deshagan o ennegrezcan. Deben conservar su forma y algo de firmeza al cogerlos por el rabito. Si los dejas más, la carne se vuelve una pulpa blanda y la piel negra amarga. Sácalos con la espumadera dejando escurrir el aceite sobre la sartén.

Consejo: El punto tostado es Maillard y caramelización; pasado ese momento el amargor domina, así que retíralos en cuanto aparezcan las primeras ampollas oscuras.

07

Salpimentar en caliente

Escúrrelos sobre papel de cocina y sálalos de inmediato, en caliente, con una generosa lluvia de sal en escamas. La superficie aún aceitosa y caliente hace que las escamas se adhieran sin disolverse del todo, y crujen al morder. Si esperas a que se enfríen, la sal resbala y cae al plato. No los dejes mucho sobre el papel, o el vapor los ablanda.

Consejo: En caliente la fina capa de aceite fija las escamas; sus cristales planos se disuelven despacio y dan estallidos salinos que contrastan con el dulzor.

08

Emplatar y servir

Amontona los pimientos en un cuenco de cerámica gris piedra sobre tabla de roble y sírvelos al momento, calientes y brillantes, para comer por el rabito. Fríe y sirve tanda a tanda si es necesario: en pocos minutos pierden el crujiente y la piel se vuelve correosa. Avisa en la mesa de que alguno puede picar; forma parte de la gracia del plato.

Consejo: Sírvelos recién hechos: recalentados la piel se ablanda y pierden el contraste entre el tostado crujiente y la carne jugosa.

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Maridaje

Albariño

Rías Baixas

El blanco gallego por antonomasia: su acidez y sus notas cítricas y de fruta blanca refrescan el amargor tostado de la piel y realzan el dulzor vegetal del pimiento.

Ribeiro blanco

Ribeiro

A base de treixadura, es fresco, floral y ligero, un maridaje de proximidad que acompaña la tapa sin taparla y calma el picante de los que pican.

Godello

Valdeorras

Con cuerpo y untuosidad pero buena frescura, envuelve la grasa de la fritura y aguanta el punto salino de las escamas y el toque tostado.

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